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Despertando la curiosidad: ¡Hoy seremos biólogos!

Todos hemos llevado a nuestros hijos al zoológico o a un safari a pasar un domingo. Muchas veces nos limitamos a explotar este tipo de actividades como un mero pasatiempo al aire libre – cosa que no está mal en absoluto – pero debemos saber que podríamos sacar muchísimo más provecho de estos paseos estimulando la curiosidad y la inteligencia de nuestros hijos.

Es mucho lo que podemos compartir con nuestros peques a propósito de esos animales exóticos que tendremos el privilegio de apreciar en recintos próximos a nuestros propios hogares.

Para empezar podemos plantear la excursión como una aventura de exploradores y como tales hemos de documentarnos previamente y para ello, aunque desde luego sea muy práctica, hay mundo más allá de la Wikipedia.

Defensores, como somos, de inculcar a los niños el amor por los clásicos, os proponemos desempolvar o intentar conseguir, si no tenemos la suerte de contar con ella en nuestros hogares, aquélla maravillosa (y mítica para varias generaciones) enciclopedia de la fauna firmada por el naturalista Félix Rodríguez de la Fuente o cualquier otra de la que podamos disponer.

Podemos hojear, junto a nuestros hijos, sus volúmenes aleatoriamente. Una buena idea para sacar el máximo provecho pedagógico es delimitar un poco la observación: centrarnos en una especie determinada, un familia (bóvidos, cérvidos, camélidos), una región, un bioma (sabana, tundra, bosque caducifolio), etc.

Una vez en el zoológico, ya metidos en el papel de naturalistas bien documentados, intentaremos buscar los animales y contrastar lo aprendido en los libros con la especie que tenemos frente a nosotros.

Podremos ejercitar las capacidades de comprensión de los niños preguntándoles qué recuerdan de ese animal, qué saben de su comportamiento, sus hábitos alimenticios, su ecosistema, etc.

Si hemos enfocado la lectura por las familias podemos pedirle que nos diga qué animales pertenecen por ejemplo a la familia de los bóvidos (gacelas, antílopes, búfalos) o las diferencias anatómicas entre un elefante asiático y uno africano (por ejemplo, el primero tiene las orejas más pequeñas que el segundo).

Otra posibilidad es surtir a nuestros hijos de lápiz y papel para jugar a ser investigadores documentando especies nunca antes vistas.

Podemos contarles cómo alguna vez, todos esos animales que ahora nos resultan tan fácilmente reconocibles, fueron desconocidos por casi todo el mundo y cómo fue preciso que los primeros exploradores de tierras lejanas trajeran muestras de sus pieles, de su plumaje y por supuesto, dibujos realizados del natural para darlos a conocer a la comunidad científica. Podemos, una vez más, centrarnos en una especie concreta o bien proponerles un ejercicio más amplio, como por ejemplo fijarse en distintos tipos de alas, tipos de patas, de cornamentas, de plumajes, etc.

Como siempre, depende de nosotros que un sencillo paseo se transforme en una aventura creativa y estimulante. No es lo mismo arrastrar a nuestros hijos a un pasatiempo que altere ligeramente la rutina que darle al mismo una dimensión mucho más profunda y significativa y desde luego mucho más enriquecedora.

Micropolix - paso a paso

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